ENTREVISTA A JUAN VELARDE FUERTES

1.- Profesor Velarde, en los últimos veinte años la Economía ha pasado de ser una sección reducida en la prensa a ser casi la más importante. ¿A qué se debe ese cambio?

A tres motivos. En primer lugar, porque ha aumentado el nivel de renta y, concretamente el capitalismo popular, y eso hace que la gente vigile más cuidadosamente sus activos y pasivos -el caso de los préstamos-. En segundo lugar, porque ha aumentado la cultura económica. En tercero, sucede ahora lo que sucedió en torno a la Gran Depresión y años posteriores, donde también la economía era una noticia de primera magnitud en la prensa.

2.- Tanto la Historia como la Economía del siglo XX estuvieron marcadas por la construcción y la caída del Muro de Berlín, ¿pueden tener los atentados del 11 de septiembre una influencia similar en el devenir del siglo XXI?

Los panoramas bélicos se han transformado. A partir de 1947 comenzó la Guerra Fría sin ninguna declaración explícita, salvo un artículo firmado por “X” en “Foreign Affairs”, y concluyó con los berlineses derribando el Muro. Su inicio y su final no se parecen en nada a cualquiera de las guerras anteriores. Ahora el choque es con un Islam muy radicalizado, que plantea el conflicto dentro de los motivos que nos ha enseñado Abenjaldún. Un choque de estas características siempre es larguísimo y no tiene nada que ver con los conflictos entre naciones occidentales. Es otro planteamiento cultural que tenemos que asumir.

3.- Profesor, en alguna ocasión ha dicho que la verdadera realidad económica de un país debe medirse siguiendo el triángulo establecido por el economista Eugenio Domingo Solans, formado por tres variables: el equilibrio macroeconómico, el equilibrio social y el desarrollo científico-tecnológico. “Si falla uno de estos tres pilares, hay riesgo de derrumbamiento económico”. ¿Cuál de esos tres pilares ha fallado?

No falló el equilibrio social, pero sí el equilibrio macroeconómico concretamente en España con un tremendo déficit exterior y también en España el desarrollo científico-tecnológico. En el conjunto del mundo lo que en principio falló fue el equilibrio macroeconómico como consecuencia de unos planteamientos financieros que rozaron lo extravagante.

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Entrevista a José Luís Pinillos

1. ¿Qué entiende por realidad? ¿Y por apariencia? ¿Existe un punto de intersección entre ambos conceptos?
Es menester subrayar que la palabra “realidad” fue un término que nunca existió en la lengua de Homero. Xavier Zubiri quiso una vez enmendarle la plana a Aristóteles, objetándole que más que un zoon politikon el hombre era un zoon, un animal, de “realidades”, o sea, algo para lo que los griegos no tenían palabra. Me temo que la ausencia de la palabra realidad en la lengua griega contribuyó a alejar del método científico al llamado “Milagro griego” (desde el siglo V a. C. hasta la muerte de Aristóteles, en el 322 a. de C). Fue en la Alejandría de los siglos III y II a. de C. donde surgió una sorprendente ciencia moderna avant la lettre de la mano de Euclides, Arquímedes, Aristarco de Samos y otros científicos poco influidos por los mitos que habían alejado a Grecia de la ciencia. Ese singular brote científico que surgió en Alejandría se perdió a la caída del Imperio Romano, sobre todo en los llamados siglos oscuros (VI y VII). El concepto moderno de ciencia empezó a resurgir de nuevo en el siglo XI, cuando comenzaron a recuperarse las obras científicas griegas extraviadas durante el desastre. Primero con el retorno de los intelectuales de Bizancio, que dominaban la lengua griega, y luego con la ayuda de los árabes que también sabían griego y filosofía. Todo ello se logró a pesar de la creciente oposición de la Iglesia y la Inquisición. La ciencia moderna se recuperó y perfeccionó hasta triunfar en el siglo XVII y en la Ilustración, como un saber capaz de cambiar cada vez más el mundo en que habíamos vivido (1).

El término latino “realis”, derivado de “res, rei” (cosa), y éste quizá de “reor”, (contar) se incorpora a la lengua latina en el entorno de Cicerón (106-43 a. C). Designa el conjunto de cosas, por lo general prácticas, que necesita el ser humano para desarrollar sus posibilidades, sobre todo cuando se ausenta de su residencia habitual. Desde instrumentos como punzones, sierras, limas, o el dominio del fuego, la aparición de la escritura, los albergues para resguardarse del frío y protegerse de las alimañas y las fieras, el almacenamiento de enseres, alimentos, ropa, apertura de caminos o carreteras para moverse con más facilidad y transportar armas y mercancías, hasta enterrar a los muertos para honrar su recuerdo, todas estas cosas o actividades, a las que la palabra latina “realis” dio una cobertura general, abrieron el camino al desarrollo de un progreso desconocido hasta entonces. De otra parte, la palabra “regalis”, derivada de “rex, regis”, (rey), abrió el camino al lenguaje cortesano que se usaba en las monarquías y se empleaba, entre otras cosas, para señalar el sitio donde estaba la tienda del rey, o donde plantaba sus reales el ejército del monarca.

En fin, toda esta agrupación verbal e intelectual cifrada en la palabra “realis” es menester anotarla en la cuenta de un término y un concepto que no existieron en griego. La ausencia de esta realidad y este concepto facilitó en Grecia el desarrollo de los mitos y confirió al “Milagro griego” una orientación más bien literaria y filosófica que tecnológica y científica. De ahí la imposibilidad de contestar de entrada, d’emblée que diría un francés, a la primera pregunta de este cuestionario relativa a la contraposición de la realidad y la apariencia en la vida del hombre (1).
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(1) La Vida de los trece libros de Euclides, del académico de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales Manuel López Pellicer, publicada en 2003 por el Instituto de España, es un documento muy valioso respecto de este asunto.

2. ¿Qué diferencia cree que existe entre el concepto de realidad y el de verdad?
La palabra y el concepto de realidad dicen referencia a la existencia real y efectiva de algo, en contraposición con lo fantástico e ilusorio a que se refieren la palabra y el concepto de apariencia. Real es lo que es y existe; apariencia es lo que parece y no es. Y la verdad se refiere a la conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente humana. De hecho, la palabra griega más cercana a realidad fue alétheia, un término que significaba ‘verdad’, pero que jamás pudo sustituir a lo que en griego nunca existió.

3. ¿Qué es anterior: la realidad o el lenguaje? ¿Puede darse una realidad para la que no exista un término lingüístico que la defina?
Históricamente, el latín fue la lengua que creó, que yo sepa, la palabra realidad, una palabra y un concepto que no habían existido nunca en griego. Pero lo que me preguntan no es eso, sino si es posible darle a algo real, pero desconocido, un término apropiado que lo defina. No estoy seguro, pero creo que para eso está el pronombre indefinido algo, “que designa lo que no se quiere o no se puede nombrar”.

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Entrevista a Miguel Artola

1. Profesor Artola, usted ha estado al frente de las dos ediciones. Historia de Europa se ha escrito bajo su dirección, con un total de 27 colaboradores, y el texto de Europa es enteramente suyo. ¿Cuál de las dos le ha resultado más difícil?
– La Historia de Europa y Europa son dos obras diferentes que tienen un índice común, desarrollado en un borrador, que sirvió para precisar el contenido de las aportaciones de cada uno de los autores. El contenido de cada uno de los 24 capítulos de la Historia de Europa requería un destacado especialista, que debía asumir una tarea que no coincidía estrictamente con su formación, dado que los títulos no coincidían con las disciplinas académicas y los ámbitos temporales de los autores. Todos aceptamos los riesgos que suponía escribir una historia distinta. Conseguir la colaboración de los autores elegidos requería una coincidencia en cuanto al proyecto y una dedicación preferente. Discutimos el primero cara y cara y cumplieron su compromiso en el plazo previsto. En mi caso, el borrador había servido para tener una razonable seguridad de escribir el texto de la versión ilustrada, en la que los autores de la Historia de Europa habían seleccionado ilustraciones con un contenido histórico más que artístico. Los retratos de reyes y generales obtuvieron un lugar cuando en su representación se daban circunstancias especiales, como la decoración de las calles con las estatuas de los príncipes o peculiaridades como la primera representación de un caballo de manos en la estatua de Felipe IV. En tanto las dimensiones de la Historia de Europa permiten una exposición detallada, los comentarios que acompañan a las ilustraciones ofrecen una lectura más fácil, aunque no por ello de menor interés que el texto.
2. El lector se encuentra con una Historia de Europa que, aunque sigue un orden lógico como es el cronológico, no son los años los que organizan el índice sino ideas, conceptos e incluso instituciones. ¿Qué aporta esta diferente forma de estudiar la historia a los libros de historia ya escritos y publicados?
– El objeto fundamental de la historiografía era la historia del poder del príncipe, luego la del Estado, y la de las relaciones entre ellos: la guerra y la paz. La sucesión de las dinastías y la descripción de las guerras determinaban el carácter monográfico y sucesivo del relato cronológico. La aparición de historias particulares del pensamiento, el arte, la literatura, etc., se construyo sobre una base distinta: la importancia de los sujetos y la sucesión de los estilos.

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