Una política de perros y gusanos

Gabriel TORTELLA

Publicado en El Mundo el 6 de octubre de 2020

El autor considera una astracanada judicial la acusación por parte de una juez argentina de Martín Villa por los ‘sucesos de Vitoria’ de 1976. Y critica el ‘revisionismo histórico’ del que hace gala el Gobierno.

Cuando conocí a Rodolfo Martín Villa, allá por 1957, él y yo estábamos en lados opuestos de la trinchera política. Él era un estudiante falangista, jefe provincial del SEU de Madrid (el Sindicato Español Universitario fue fundado por José Antonio Primo de Rivera en tiempos de la República), al que todos los estudiantes universitarios pertenecíamos obligatoriamente. Yo era un estudiante socialista, afiliado a la recién fundada ASU (Agrupación Socialista Universitaria, naturalmente clandestina), que, entre otras cosas, se dedicaba, junto con un pequeño grupo de falangistas de izquierdas, a democratizar el SEU desde la base. Yo llegué a ser elegido delegado de facultad en la de Derecho y otros socialistas fueron también elegidos en otras facultades y escuelas. Al cabo de poco tiempo, en 1958, varios miembros de la ASU fuimos detenidos y juzgados por «asociación y propaganda ilegal».

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La servidumbre de los cuerpos 

María Angeles DURÁN

Publicado en El País, 30 de julio de 2020

La epidemia de la covid-19 ha demostrado que somos vulnerables y hemos de adaptarnos a nuestras servidumbres corporales, inventando un modo distinto de tratar con los cuerpos ajenos.

En sus estudios sobre la sociología del cuerpo, Le Breton expuso con gran éxito la idea de que la técnica y la ideología estaban construyendo la nueva corporalidad de la Modernidad. Más restringida la velocidad del cambio por condicionantes éticos que por barreras tecnológicas, el cuerpo humano escapaba de su condición natural y dejaba progresivamente de ser un cuerpo orgánico para convertirse en un cuerpo plástico, protésico, digital, cibernético y, finalmente, inmaterial. De golpe y sin previo aviso, esta perspectiva parece haberse esfumado. A causa de la pandemia de la covid-19, las insuficiencias de la técnica y de la estructura productiva se han hecho patentes y la penuria de simples equipos de protección ha echado por tierra el sueño de la inmortalidad cibernética. Quizá no era un sueño, sino una pesadilla en los comienzos de su gestación. Las relaciones humanas se han hecho más restringidas y corpóreas a la par que virtuales; el cuerpo no puede darse ya por garantizado ni es el telón de fondo que enmarca las demás cualidades de la persona, sino un aviso de alerta que se anticipa a cualquier otra percepción. El miedo al contagio se ha instalado firmemente y evitar el cuerpo del otro es una guía de conducta legalmente impuesta.

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Covid-19: Lecciones de la historia

Juan Francisco FUENTES

Publicado en Posiciones 35, del Círculo cívico de opinión. Junio de 2020

 “La plaga no está hecha a la medida del hombre, por tanto el hombre se dice que la plaga es irreal.”  

Albert Camus: La peste.

La sentencia, atribuida a Mark Twain, de que “la historia no se repite, pero rima” invita a comparar el escenario provocado por la crisis del coronavirus con otras situaciones históricas y a realizar un ejercicio de historia prospectiva, proyectando hacia el futuro algunas reflexiones sobre la pandemia. Con pasmosa rapidez, la Covid-19 ha dado nueva carta de naturaleza a un viejo imaginario fantasmagórico —el de las epidemias medievales— erradicado hacía siglos de la cultura cotidiana de Occidente. Pero, frente a la percepción apocalíptica, no han faltado quienes hayan re-cordado que la plaga es una “característica constante de la sociedad humana” (Simon Critchley) o que lo imprevisto también “forma parte de la historia” (Emilio Gentile). William H. McNeill afirmó que era un error ver un brote infeccioso como un simple accidente sin explicación histórica. 

Lo que ha ocurrido en 2020, cabría añadir, es que ese accidente nos ha retrotraído, con violencia, a una matriz preindustrial —más bien animal— que pensábamos superada. Quizá a causa de un murciélago, o quizá por un pangolín, esa realidad oculta ha terminado por provocar unos efectos diabólicos en los sofisticados entramados de la modernidad globalizada del siglo XXI, cuya fragilidad habría quedado finalmente al descubierto. Un distópico efecto mariposa que, no obstante, tal vez adquiere otro sentido si lo evaluamos a través de la llamada “historia profunda”, la corriente historiográfica preocupada por estudiar las hondas —y con frecuencia desdeñadas— conexiones entre biología y sociedad en aspectos como la influencia de las infecciones y las inmunidades sobre la cultura, el poder o los equilibrios geoestratégicos. 

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